¿Cómo afronta una madre el duelo por la pérdida de un hijo?

En nuestra sociedad pocas veces tenemos la oportunidad de estar preparados para afrontar la muerte, y mucho menos si es la de un hijo. En comparación con la muerte de un padre, que aunque muy dolorosa sigue las leyes naturales y es un acontecimiento que podemos anticipar en la mayoría de los casos, la muerte de un hijo marca un antes y un después.  Introduce elementos especiales en el duelo que nos dejan en blanco ante lo que sabíamos acerca de cómo funciona el mundo en el que vivimos.

La pérdida de un hijo desencadena una gran crisis, tanto a nivel físico como mental. Una madre que sufre la muerte de un hijo tiene que hacer frente a una reestructuración de su vida a muchos niveles, empezando por la pérdida de su rol materno en el mundo. Se corta abruptamente el proyecto de futuro que ha construido a través de su descendencia, por lo que se podría decir que se presenta ante sí una etapa desconocida en la que afrontar la pérdida y redefinir su papel vital.

Es una circunstancia que desestabiliza el mundo de los significados que una mujer se construye desde pequeña y desencadena una serie de reacciones que paralizan el transcurso vital. Los sentimientos de culpa merecen especial atención, pueden aparecen por pensamientos tales como “haber fallado como madre” y arrastra consigo los sueños y expectativas que se formaron incluso antes del nacimiento.

Estos son algunos puntos a tener en cuenta para entender el proceso que prosigue tras la pérdida de un hijo:

Cada proceso de duelo se verá marcado por las circunstancias de la muerte, la historia familiar, el vínculo con el hijo, otras experiencias de duelo,… Será único y no por ello menos doloroso.

– Otras áreas se verán afectadas por el efecto dominó de la pérdida pero si la persona se ha construido previamente otros entornos que le dan sentido a su día a día y se identifica con otros roles a parte del materno (trabajadora, amiga, mujer,…) le será más fácil transitar por el duelo sin la carga extra de tener que empezar de cero en todos los sentidos. El apoyo de las personas que puedan acompañar durante el proceso es fundamental, ayudando en la toma de decisiones, permitiendo que la persona se sienta libre de expresar cómo se siente.

La relación de pareja (si es que la hay) puede verse resentida. Habrá que trabajar para fortalecer el vínculo durante el proceso, tanto para reencontrarse en la pareja en esta nueva etapa como para enfocar la atención hacia los hijos que aún necesitan de la mirada de los padres y la ayuda para afrontar su propio proceso de duelo.

– Puede que dentro de las reacciones posibles la madre tienda a querer distanciarse de todo aquello que le haga conectar directamente con el dolor que siente. Es normal, pero con la ayuda de sus seres queridos se pueden llevar a cabo reuniones en las que recordar al hijo fallecido como parte de la reintegración que hace falta para seguir adelante.

Aceptar que ambos, tristeza y amor, estarán presentes toda la vida. El objetivo del trabajo de las personas en duelo por la pérdida de un hijo será recordar sin tanto dolor, pudiendo continuar hacia delante desde un lugar profundo de amor hacia lo perdido y relaciones significativas aún presentes en nuestras vidas.

Si con el tiempo persisten síntomas que impiden continuar con el transcurso de la vida cotidiana con normalidad es recomendable acudir a un profesional que ayude afrontar el proceso de duelo, ya que a largo plazo existe la posibilidad de que la situación se complique y aparezcan otros trastornos relacionados como depresión y ansiedad.

Giulia de Benito, especialista en Psicología General e intervención durante el duelo.
Directora de la Unidad de Psicología General.
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