Necesidades Educativas Especiales. ¿Cómo detectar si nuestro hijo padece retraso madurativo?

Desgraciadamente, algunos niños desde las primeras etapas presentan dificultades en su desarrollo como individuos psicobiosociales, siendo básico para la mejor evolución ser detectadas y atendidas lo antes posible. Actualmente la red social incluye el concepto de necesidades educativas especiales (NEE) para aquellos menores, que tienen una discapacidad o trastorno que interfiere en un desarrollo normal y, por lo tanto, requieren en una parte o en toda su escolarización de determinados apoyos.

El retraso madurativo es uno de ellos, y consiste:

  • En un trastorno que hace referencia al ritmo, es decir, al aspecto cronológico del desarrollo en diferentes habilidades. Las áreas afectadas pueden ir desde el pensamiento, habla, socialización, motricidad o, incluso, hasta el crecimiento.
  • En un proceso temporal, es decir, con pautas adecuadas, se recupera transcurrido un tiempo.
  • En una alteración de al menos dos de las áreas comentadas.
  • En un trastorno que no es infrecuente y afecta a las primeras etapas de la vida.

Una detección precoz permite acceder a una atención temprana (AT) y articular las necesidades educativas especiales que el menor requiere. De ahí la importancia de que los padres y personas de referencia en las primeras etapas vitales puedan detectar señales de su posible existencia.

Puede pasar desapercibido hasta incluso los tres años, edad en la que los padres perciben que no hace lo mismo que la mayoría de los niños de su edad. Atender a posibles síntomas detectados por el entorno familiar puede adelantar la AT que necesita:

Durante el primer año:

  • Apenas gatea, o ni siguiera lo consigue.
  • En 12 meses todavía no balbucea o articula sus primeras palabras.
  • Falta de interés a la hora de mostrar sus juguetes a otras personas, tampoco por los objetos que le muestran, ni por jugar.
  • Desconoce su nombre cuando le llaman o no reacciona.
  • No reacciona a las voces familiares y otros sonidos.
  • Carece de la capacidad de imitar a los adultos.

Durante el segundo año:

  • Apenas camina, mientras que los demás pequeños ya son capaces.
  • No reconoce imágenes o fotografías de familiares y allegados.
  • No socializa con otros pequeños de su edad.
  • Tampoco puede jugar a juegos que necesiten imaginación.
  • Vocabulario muy reducido y apenas contesta cuando se le habla.
  • Le cuesta mostrar sus emociones hablando, porque no encuentra las palabras para expresarlo. No sigue órdenes o normas simples, porque no las entiende y le resultan complejas.
  •  Le resulta imposible mantener una conversación larga o seguir el argumento de un cuento, pues su mente se dispersa y se desconcentra.
  • Capacidad de atención muy reducida.

El pronóstico, gracias a la AT y las NEE, suele ser alentador y la mayoría de los niños que presentan un retraso madurativo suelen progresar y alcanzar un desarrollo normal para su edad, siempre y cuando reciban la estimulación adecuada. Es más probable en los casos más puros, es decir, en aquellos en los que efectivamente hay solo un retraso cronológico del desarrollo y no hay una desviación del desarrollo.

María Bustamante, psicóloga especialista en Psicología Infantil y Familiar.
Directora de la Unidad de Psicología Infantil.
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