Los tres principios básicos de las relaciones de pareja

En la pareja, como en el resto de relaciones, son necesarias una serie de normas o principios básicos no escritos para el buen funcionamiento de la relación.
Dentro de la pareja, hay tres principios básicos específicos de este tipo de relación: la flexibilidad de roles, la igualdad de valor y el principio de deslinde.

El primero de ellos, el principio de flexibilidad de roles, se refiere al tipo de roles que desempeña cada uno de los miembros. Desde el momento en el que la pareja se forma, cada sujeto adopta un rol en función de la personalidad y de las situaciones que se van viviendo. Este principio se refiere a la capacidad que deben tener los miembros en tomar ambos roles como propios dependiendo de la situación en la que se encuentren.

Por ejemplo, en una pareja Marta es la que prepara la cena y Luis el que recoge después la mesa. Pero, si un día Marta va a llegar más tarde a casa por culpa del trabajo, la flexibilidad de roles consistiría en que Luis preparara la cena y recogiera después sin que luego tuviera consecuencias negativas como reproches, etc. Es realizar tareas o adoptar actitudes que suelen ser más propios de la otra persona como si fueran nuestros, ya que la situación lo requiere. Consiste en flexibilizar todas nuestras conductas.

El segundo es el principio de igualdad de valor. Durante cualquier argumentación, cada miembro de la pareja trata de que se tenga en cuenta lo que dice, y la otra persona lo valore. La igualdad de valor se refiere a que hay que valorar de igual manera tanto los argumentos que muestre él como los argumentos que presente ella. Bien es cierto que se suele atribuir argumentos más lógicos a los hombres, y más emocionales a las mujeres, y puede que unos tengan más peso que otros a la hora de defender un hecho o una situación. Sin embargo, deben ser igualmente escuchados, respetados y valorados, sea del tipo que sea y venga del miembro que venga.

Continuando con el ejemplo anterior: si a Luis no le apetece quedar con unos amigos, porque hace poco ha discutido con uno de ellos y no está cómodo, está presentando un argumento emocional. Si Marta dice que hay que ir, porque es un compromiso que tenían previsto hace tiempo, presenta un argumento lógico. En este punto, no hay que intentar convencer al otro con nuestros argumentos, porque cada uno pertenece a una categoría diferentes. Tampoco unos van a tener más peso que otros, simplemente hay  que atenderlos de igual manera e intentar comprender el razonamiento del otro.

Por último, encontramos el principio de deslinde. Dicho principio se refiere a que uno priorice a su pareja frente al resto de relaciones sociales que tenga, ya sea con su familia, con amigos, compañeros, etc. Esto no significa que haya que poner siempre a la pareja en primer lugar y descuidar las relaciones sociales hasta el punto de apartarlas de nuestra vida, ya que tener pareja no significa dejar de tener otras relaciones interpersonales. Es decir, se tenga en cuenta a la pareja a la hora de tomar ciertas decisiones que pueden afectar a ambos, como confirmar la asistencia a algún evento, viajes, etc., y no de pedir permisos. Con la toma de decisiones conjunta no aparece ningún tipo de relación de poder uno frente al otro, es simplemente estar los dos a la misma altura, debatirlo y llegar a una conclusión conjunta como pareja.

Aunque estos principios parecen básicos y se sobreentienden, muchas parejas se olvidan de ello y poco a poco se va creando una relación en la que la lucha por el poder se vuelve el centro de atención. Evaluar cada cierto tiempo si se mantienen estos tres niveles en nuestra relación nos puede ayudar a darnos cuenta si ha aparecido algún problema y, en consecuencia, poner remedio lo antes posible.

Silvia Cintrano
Unidad de Sexología

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