La depresión y la obesidad, ¿son un tándem?

Frecuentemente nos encontramos en consulta pacientes que padecen obesidad y a su vez presentan síntomas depresivos, la insatisfacción con su imagen corporal y la sensación de fracaso en el control de su peso y su relación con la comida les lleva a una espiral que, según investigaciones recientes, se retroalimenta. A continuación he recogido los principales resultados que las últimas investigaciones científicas nos revelan al respecto.

Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Granada concluye que uno de los genes responsables de la obesidad, el FTO, también es generador de la depresión. Un hallazgo importante, ya que ambos factores incrementan el riesgo de padecer diabetes tipo 2, hipertensión y enfermedades cardiovasculares.

Un equipo del Centro de Investigación Biomédica en Red de Salud Mental (CIBERSAM) de la Universidad de Granada ha realizado un estudio pionero a nivel mundial, que ha descubierto que la depresión modifica el efecto del gen FTO (que actúa inhibiendo la sensación de saciedad) sobre el índice de masa corporal de un individuo. Dirigido por Margarita Rivera Sánchez, el trabajo se llevó a cabo en el Institute of Psychiatry del King’s College de Londres (Reino Unido), con una muestra de 2.440 personas con depresión recurrente y 809 personas que no habían padecido ningún tipo de enfermedad mental.

Varios estudios habían analizado ya la relación depresión-obesidad y viceversa. Entre ellos, llama la atención el publicado en 2010 en Archives of General Psychiatry, que concluía que “las personas con sobrepeso tienen un 55% más de riesgo de desarrollar una depresión, mientras que las que sufren este trastorno mental tienen un 58% más de posibilidades de convertirse en obesas”.

La depresión puede conducir a la obesidad a través de un aumento del apetito, de los patrones de sueño o de la falta de actividad física, mientras que la obesidad puede llevar a la depresión debido a variables como el estigma del peso, la falta de autoestima y la movilidad reducida.

Por su parte, las personas deprimidas sufren ansiedad, lo que a menudo causa un trastorno por atracón que se traduce en una necesidad imperiosa de comer hasta que el cuerpo no puede más. De hecho, está comprobado que algunas personas pueden ingerir más de 5.000 calorías en un atracón. Cuando ocurre esto las personas lo que buscan es sentirse saciadas, por lo que comen muchos hidratos de carbono, dándose en algunos casos una auténtica adicción a la comida con el fin de calmar la ansiedad, pudiendo derivar en obesidad.

Teniendo en cuenta que el exceso de peso no es un trastorno psiquiátrico, muchos de los episodios depresivos que sufren las personas con obesidad se deben al hecho de que estar obesos les deprime. Esto es, la depresión es consecuencia de la obesidad, muchas veces debido a la presión social y casi siempre más profunda en el caso de las mujeres, ya que al tener un índice de masa corporal saludable ligeramente mayor al de los hombres, son mucho más vulnerables al ciclo obesidad-depresión. En un estudio, la obesidad en las mujeres se asoció con un aumento de un 37 por ciento en la depresión grave. También hay una relación significativa entre las mujeres con un alto IMC y pensamientos de suicidio más frecuentes.

La depresión puede causar y ser resultado del estrés, el cual, a su vez, puede causar un cambio en sus hábitos alimenticios y actividades. Muchas personas con problemas para recuperarse de eventos repentinos o emocionalmente agotadores (por ejemplo, la pérdida de un amigo cercano o de un miembro de la familia, dificultades en sus relaciones, perder el trabajo o enfrentar un problema médico serio) comienzan, sin darse cuenta, a comer demasiado de las comidas equivocadas o a abandonar el ejercicio. En poco tiempo, esto se transforma en un hábito que es difícil cambiar.

La Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO) destaca el papel clave que juega la nutrición en la prevención primaria de la depresión y aboga por el patrón de dieta mediterránea como el más recomendable.

A raíz de todos estos resultados podemos concluir que el tratamiento psicológico es fundamental para combatir la obesidad, ya que la sintomatología depresiva está presente en la mayoría de los casos.

 

María González, psicóloga especialista en Obesidad y Sobrepeso.
@MariaGF2
¿Te ha gustado este artículo? Compártelo con la gente que quieres...
Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on Tumblr