15 pautas educativas para favorecer el vínculo con hijos adoptados

Considerar la adopción como una manera de continuar la familia es cada vez más común. Diversos motivos pueden llevarte a ello: la dificultad para tener hijos biológicos, el miedo al embarazo y al parto, el deseo de ayudar a otras personas, etc.

Una vez tomada la decisión hay muchos preparativos pendientes, uno de ellos, considerado de gran importancia por los expertos, es la búsqueda de ayuda psicológica para preparar la nueva situación, ya que en la mayoría de los casos, el proceso va a ser muy exigente. Cuando todos los aspectos logísticos están bien definidos y solventados, algo para lo que se necesita mucho apoyo también, la nueva realidad está realmente próxima.

Preguntarnos cómo será el futuro miembro de la familia, nuestro hijo o hija, cómo le acogerá el resto de la familia y amigos, cómo nos percibirá a nosotros, es alguna de las múltiples preguntas que aparecerán desde los inicios del proceso. Para ello, es fundamental prepararse y tomar tiempo a dar respuesta a todas nuestras inquietudes, saber desde qué lugar emocional accedemos a esta nueva etapa, qué esperamos de ella y, sobre todo, de la persona que va a entrar a formar parte de nuestras vidas.

Al igual que en los procesos biológicos, las personas que eligen adoptar pueden tener distintas motivaciones, unas serán muy evidentes y comunes al conjunto de adoptantes, y otras, estarán implícitas, menos definidas o elaboradas. Con esto nos referimos a las creencias en torno al hecho de ser padres y las atribuciones que hacemos de manera inconsciente.

Algunas personas, que no han podido elaborar ciertas etapas vitales o que tienen duelos pendientes, ven en la paternidad la solución a su insatisfacción o infelicidad. Sin embargo, es muy importante poder resolver estos conflictos previamente, como por ejemplo la pérdida de un familiar o la imposibilidad de desarrollar el proyecto profesional deseado. Es importante poder integrar y dar un sentido a nuestras experiencias vitales, ofreciendo a la persona a la que se invita, a través de la adopción, a una vida alternativa, un apoyo sólido e incondicional que permita ir sustituyendo al trastorno del apego que viene asociado a su historia de vinculación.

Siempre que se desee emprender el camino de la paternidad habría que reflexionar sobre estas cuestiones, pero más aún cuando se trata de la parentalidad adoptiva, puesto que los futuros hijos van a requerir unos padres muy conscientes de las necesidades afectivas que estos van a tener.

Los niños que son adoptados poseen una historia previa de separación o abandono que no siempre podremos conocer, pero que hay que sostener a través de figuras de referencia seguras para acompañarles en su desarrollo de la mejor manera posible. Dependiendo de la edad con la que empiezan a ser miembros de la familia, habrán pasado más o menos tiempo en entornos que, por distintas razones, no podían cubrir todas sus necesidades. En ocasiones necesidades básicas de cuidado y fundamentalmente las afectivas, en caso de institucionalización, generando en ellos una construcción del sí mismo afectada, que va a condicionar  su desarrollo y las relaciones que genere.

Esta experiencia de carencia, fundamentalmente cuando se ha prolongado más allá de los tres primeros años de vida, deja en los niños una huella profunda que en ocasiones se traduce en dificultades para establecer un apego seguro con sus padres adoptivos. Ellos se convertirán en el punto de fuga a donde derivarán todas sus inquietudes, incertidumbre, dolor y soledad vivida. Cuanto más tarde ingresen en las familias, más conciencia tendrán de su historia previa y de no haber sido atendidos como necesitaban en los inicios del desarrollo. Dependiendo del país de origen, la experiencia en las instituciones varía considerablemente, pero a menudo los niños institucionalizados reciben cuidados de personas muy diferentes, que cambian constantemente, lo que dificulta desarrollar un estilo vincular seguro con sus futuros cuidadores.

Por ello es muy importante tener presentes las siguientes pautas educativas:

  1. Estar en contacto con asociaciones de apoyo a la adopción y con otras familias con experiencias similares. 
  2. Elaborar un diario de adopción con toda la información referente a su vida previa a conocer a sus nuevos papás. Cuando sean mayores comenzarán a preguntar sobre sus orígenes y conviene tenerlo todo registrado: fotos de ellos en el orfanato, nombre de sus cuidadores, información sobre sus padres biológicos, etc.
  3. Respetar su nombre de nacimiento o de la institución o tratar de buscar uno que guarde el parecido.
  4. Respetar sus costumbres a la hora de comer, vestirse, etc. Poco a poco irán adaptándose a las costumbres y gustos de sus padres, pero la transición es necesaria.
  5. Explicarles las cosas que no conocen de manera adaptada a su nivel de comprensión, ayudándose de gestos, símbolos y colores, sobre todo cuando el idioma de referencia no es el mismo. 
  6. Permitirles tener tiempo y espacio para ellos mismos. Aunque nos gustaría estar con ellos el mayor tiempo posible, debemos permitirles los momentos de privacidad para que puedan ir asimilando la nueva situación.
  7. A medida que vayan creciendo, empezar a introducir términos más específicos sobre su historia, como madre biológica, país de origen, etc. que le ayuden a comprender su origen y el hecho de la adopción.
  8. Dar un espacio simbólico y constante a la familia de origen con respeto, cariño y comprensión, fomentando la integración y dignidad de los orígenes. 
  9. Hablar de separación y protección en lugar de abandono y descuido. Para ellos será más sencillo reconciliarse con su pasado si se sugiere que su condición de adoptado parte de un deseo de cuidado por parte de sus progenitores.
  10. Tener muestras de afecto y de amor incondicional de manera frecuente sin que esté asociada a premiar comportamientos concretos. 
  11. Ser comprensivos con sus comportamientos poco deseables y transmitir el amor y la aceptación de su persona ante este tipo de situaciones. Se les debe corregir, pero insistiendo en que les queremos pase lo que pase.
  12. Darles nuestro apoyo incondicional ante conflictos con terceros, de manera que sientan que en su familia tienen el refugio que tanto necesitan. 
  13. Compartir los conocimientos que se tengan sobre el país para favorecer la aproximación a historia de origen cuando lo deseen. 
  14. Atender a cualquier señal de incomodidad o miedo que pueda generar cualquier desafío al que te pueda someter tu hijo adoptado. Puede estar activando una base insegura que ambos necesitáis reforzar.
  15. Promover la comunicación asertiva y constante. Si observamos dificultad, acudir a profesionales que ayuden a los niños a expresarse emocionalmente.

 

Cada historia es única, igual que las personas que las protagonizan, no obstante, debemos tener en cuenta la realidad de la que partimos para poder abordarla de la mejor manera posible.

En Instituto Centta creemos que es posible establecer un vínculo sólido e incondicional con los padres adoptivos, pero para ello es fundamental atender tanto a las necesidades de los hijos adoptados, como los miedos e inseguridades de sus padres. Por ello procuramos espacios de contención y seguridad para afrontar las crisis del desarrollo de manera saludable y con el menor sufrimiento posible.

 

María Bustamante, psicóloga especialista en Psicología Infantil y Familiar, y Cristina Ramos, Psicopedagoga y Arteterapeuta.

 

 

¿Te ha gustado este artículo? Compártelo con la gente que quieres...
Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on Tumblr