¿Cómo hablar con un adolescente sobre el consumo de drogas?

Existe una cierta tendencia a pensar, que dialogar con adolescentes es complicado y anticipa, casi de forma inmediata, una  discusión. Quizás sea este motivo por el cual, tanto padres como profesores tratan el tema del consumo de alcohol y otras drogas  de manera forzada, autoritaria y crítica, incitando al miedo a través de dramatismos innecesarios, tonos catastrofistas y a la premisa del “no es no”, sin percatarnos de que los efectos que esperamos tener con esa conversación, se nos pueden dar la vuelta.

Para evitar lo anterior, debemos procurar informarnos sobre el alcohol y otras drogas, conocer los distintos tipos de sustancias y los efectos que tienen, obtener información clara para poder adaptarla a la edad de nuestros hijos y a la situación en la que se pretenda abordar este tema, de una forma seria y contrastada, pero con naturalidad.

Un buen momento para hablar de este tema con nuestros hijos, puede ser a través de una noticia en la televisión, un anuncio en el periódico o algún caso real del que estéis informados, no obstante, si la situación ideal no surge, hay que dar el paso y abordar el tema con decisión a través de una buena comunicación.

Es importante cuando hablemos con ellos, que nos preocupemos de escucharles, observarles, mostrar interés, dejar espacio para que expresen sus preocupaciones, dudas y opiniones al respecto, para crear un ambiente de confianza y comprensión, evitando imposiciones y discursos moralistas que los jóvenes detectan y rechazan.

Es en el seno de la familia de origen, donde los chavales aprenden a comunicarse y relacionarse, a poner límites, a hacerse respetar y respetar también a los demás, a expresar sus opiniones, emociones e inquietudes, a negociar, discutir y llegar a acuerdos, a cumplir las normas y a construir toda una red de valores con la que se enfrentarán al mundo, por ello es importante, cultivar un diálogo sano y constructivo.

Los adolescentes tienden a buscar sensaciones y situaciones placenteras inmediatas, sin embargo, perciben el riesgo y los peligros como algo lejano e improbable, ya que no tienen suficiente madurez. Muchas veces, la dificultad para decir no, la necesidad de pertenecer a un grupo, la curiosidad, las ganas de experimentar o el demostrar que se deja atrás la infancia, puede anteceder un posible consumo, por ello, debemos tener la suficiente confianza con nuestros hijos para que nos cuenten sus preocupaciones y poder ayudarles, hablar del consumo de drogas de un modo directo y razonable, sin interrogarles, culpabilizarles ni desautorizarles.

Hemos de potenciar su autonomía y responsabilidad, ofrecerles lo que necesiten teniendo en cuenta unas ciertas normas, límites y valores. Salidas, horarios y tareas deben pactarse, aunque a veces serán innegociables, no obstante, requieren de compromiso y responsabilidad.

Tampoco podemos esperar que nuestros hijos nos lo cuenten todo, ellos también tienen una intimidad que debemos respetar y ni es bueno sobreprotegerles, ni desentendernos de lo que hacen y dejan de hacer, hay que ser coherentes, por ello generar confianza en la relación, puede beneficiar a toda la familia.


Si con todo lo anterior, sospechamos que ha podido existir un consumo o se está consumiendo, es necesario encontrar un buen momento para hablar con nuestro hijo tranquilamente, sin dejarnos invadir por la urgencia, la rabia o la angustia, conocer el motivo por el cual ha consumido o está consumiendo, la frecuencia y cerciorarnos de si conoce los riesgos de su comportamiento, atender más al para qué del consumo, que al consumo en sí, tender a responsabilizar en vez de culpabilizar y a generar un acercamiento de nuestro hijo, a través de la escucha, la comprensión y el afecto. De una mala experiencia se pueden extraer cosas positivas si se sabe cómo hacerlo.

Indicadores de que puede estar existiendo algún tipo consumo:

  • Un descenso en el rendimiento escolar.
  • Faltas injustificadas a clase.
  • Cambio inesperado de amistades.
  • Aislamiento.
  • Cambios repentinos de humor (agresividad, tristeza, apatía, etc.)
  • Alteraciones en la alimentación y el sueño.
  • Dificultad para concentrarse.
  • Dificultad para conversar y más sobre un tema de consumo de drogas.
  • Amistades que consumen.
  • Objetos de valor o dinero que desaparece de casa.
  • Síntomas físicos como: ojos enrojecidos y cerrados, pupilas dilatadas o contraídas, reacciones lentas, habla pastosa, congestión nasal, acelerado, espitoso, dificultades para hablar.

Preguntas acerca del consumo de drogas que podemos utilizar a la hora de entablar una conversación con nuestro hijo adolescente:

  • ¿Cuándo sales por ahí te ofrecen drogas? ¿qué drogas te han ofrecido? ¿quién?
  • He leído que cada día hay más chicos/as que fuman después de clase ¿qué opinas tú? ¿en tu colegio también pasa?
  • Cada vez hay más accidentes causados por el alcohol, me preocupa ¿tú qué piensas?
  • ¿Has estado en algún botellón? ¿cómo es eso? ¿hay más drogas a parte de alcohol?
  • ¿Qué piensas sobre el consumo de drogas? ¿cómo crees que afectan? ¿qué drogas conoces?
  • ¿Os han dado alguna charla sobre drogas en el colegio? ¿qué habéis aprendido? ¿lo habéis hablado con tus amigos?
  • Últimamente he oído que os relacionan mucho a la gente joven con el consumo de drogas ¿tú cómo lo ves?
  • ¿Fuma alguno de tus amigos? ¿por qué crees que lo hace?
  • Estoy de acuerdo con la ley del tabaco, el humo en los bares era muy molesto para la gente no fumadora ¿a ti qué te parece?
  • Cuando todos tus amigos quieren hacer algo y a ti no te apetece ¿qué haces?

Una buena educación desde la familia, puede prevenir comportamientos de riesgo o, si los hay, identificarlos a tiempo.

Belén Usieto, psicóloga especialista en adolescentes.
Directora de la Unidad de Psicología Adolescente.
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